Para terminar con Steiner, al menos por un tiempo, la tercera de las objeciones que mencioné consiste en una tangencial ampliación de la melancólica condición de gentleman de la cultura denunciada por Suso de Toro.
Las referencias a tenor de las cuales Steiner juzga valiosas las aportaciones a la alta literatura no dejan de ser parte del mismo canon que ya hemos tratado. Valora, por ejemplo, a Durrell o a Broch en la medida en que éstos ganan para la literatura estructuras de la música, pero no cualquier clase de música. Steiner reconoce las fugas, el contrapunto, los recitativos... Y está bien. Está muy bien. Aventuro que la apropiación para la novela de una textura como la jazzística (caso de Kerouac o, en el ámbito hispanohablante, de Cortázar) aún podría parecerle a Steiner un hallazgo de notoria categoría, una veta de interés para los lectores habituados a leer música. Es decir, a los lectores de un mundo culto y elevado, cuyos refinados códigos se modifican, se citan y se reelaboran recíprocamente sin apenas permear a los restantes grupos de la sociedad. Para éstos, según parece, es impensable aspirar a decir algo sobre sí mismos de una manera artísticamente relevante.
Entonces, ¿hasta qué punto le parecería a Steiner pitagórica una obra que trajese a la novela, desde New Orleans o desde Memphis, la progresión de doce compases del blues, los lamentos y los aullidos de cien millones de negros alanceados por la barbarie y la esclavitud y el desamor? ¿Hasta qué punto las seguiriyas o las soleás, en las que, en cambio, sí vio Lorca el potencial para expresar poéticamente la mayor de las tragedias? ¿Sería la materia original de entidad suficiente para que el producto elaborado obtuviese su beneplácito?
Supongo que le sería irrelevante. Supongo que Steiner da por hechas muchas cosas. Entre ellas, que la buena literatura no conoce molde alguno, y que siempre hay alguien, al fondo de la sociedad, acuclillado entre la basura, que está gestando, al margen de todo código, de todo convencionalismo, de toda tradición, la obra que nos explicará mejor que ninguna otra de nuestro tiempo. La que nos dirá más y mejores cosas de nosotros mismos, de los hombres. Pienso que Steiner es de esta opinión. No obstante su planteamiento demasiado cerrado a este respecto, para mi gusto, en su propio universo referencial, pienso que Steiner tiene esta convicción basada en su amplia experiencia lectora y crítica.
Estos son los reparos a Lenguaje y silencio. Nada que no se pueda olvidar con el deslizarse, como sobre raíles, por unos textos deliciosos, eruditos, límpidos y radiantes, de una belleza y una profundidad magníficas. Los elogios, tantos, se descubren al leerlo. Háganlo, por favor.
Podéis leerme en Vinilocura desde hace un año :)
Hace 14 años
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